El aire viciado y gélido de la cripta golpeó sus rostros en cuanto la pesada puerta de piedra cedió con un lamento metálico, marcando el fin del mundo conocido y el inicio de su verdadera prueba. Bajo la vacilante luz de una antorcha que proyectaba sombras danzantes sobre paredes devoradas por el musgo, los cuatro compañeros intercambiaron una mirada cargada de nerviosismo y una determinación primeriza; el brillo del acero nuevo y el crujir del cuero sin gastar rompían el silencio sepulcral de un pasillo que parecía aguardar, con hambre milenaria, el primer paso de aquellos que soñaban con convertirse en leyenda.
¡Hola a todos! Soy Álvaro y quiero empezar este blog siendo 100% sincero con vosotros: no soy ningún gurú del rol. De hecho, si me apuras, soy bastante novato. Pero precisamente desde ahí es donde quiero presentarme y contaros mi idea.
Conocí los juegos de rol con apenas 10 u 11 años. Estaba en un viaje familiar y entramos a una librería (a saber por qué). Había libros de todo tipo, pero hubo uno que me llamó la atención: Dungeons & Dragons: La Guía del Dungeon Master. No sabría deciros si era la versión 3.0 o la 3.5, porque solo lo tuve unos instantes en mis manos. Miré a mis padres y, como cualquier niño, pedí que me lo compraran. Aunque la respuesta fue un «no», mi padre me soltó una sorpresa: «Ya tengo un juego de estos en casa, de El Señor de los Anillos». Y sí, ese fue mi primer contacto real. Lo que me esperaba al volver del viaje era mucho mejor de lo que imaginaba.
Mi padre había intentado meterse en este mundillo hace a saber cuántos años. El libro que me esperaba en casa era el famoso MERP, el «Libro Rojo» que, según he visto en internet, fue la puerta de entrada para muchísimos jugadores de la época. Cuando leí por primera vez aquella aventura de inicio, la de los vinos de Dorwinion… creo que todavía me acuerdo: el transporte desde Rivendel, el parón en el camino para descansar en una torre que termina llena de orcos…
Ver cómo se narraba el combate y las posibilidades que ofrecía hizo que me explotara la mente. Yo venía de los videojuegos; ya había probado mundos abiertos, le había echado horas a Morrowind y Oblivion, pero de repente me encontré con un juego que te permitía vivir esas aventuras con una libertad llevada al máximo y en mi universo favorito, el de Señor de los Anillos. En aquel entonces era un hobby que no era tan popular como ahora, pero para mí fue descubrir un mundo nuevo.
Eso sí, recuerdo perfectamente la frustración de intentar hacerme un personaje. No era nada fácil; al final terminaba saltándome la mitad de las reglas solo para poder empezar a jugar y darme una vuelta por la Tierra Media. Pero, sinceramente, nunca llegué a hacer nada muy épico más allá de algún combate yo solo, probando el sistema.
Durante el resto de mi adolescencia jugué de forma muy esporádica: alguna partida suelta a algún amigo o grupos que se formaban y se deshacían. Nunca llegó a ser un hobby constante, aunque me flipaba. Me encantaba leer los manuales y los suplementos, perderme en las ambientaciones… pero lo de encontrar gente para jugar de forma habitual ya era otra historia. No soy la persona más extrovertida.
A veces incluso miro hacia atrás y pienso que nunca he jugado al rol «en serio», precisamente por esas partidas tan esporádicas. Y lo más curioso es que, en el 90% de esas ocasiones, me tocaba ser el Máster. Casi siempre era con gente que nunca había jugado y que solo aceptaba probarlo por mi insistencia. Era ese rol de «evangelizador» que nos toca a muchos.
No fue hasta 2019 cuando realmente me metí en algo más constante: una campaña de La Llamada de Cthulhu, que también fue muy esporádica (unas 2 partidas al año, a lo mejor). Ha sido, hasta la fecha, lo más serio que he hecho en el mundillo, aunque esta vez me tocó estar al otro lado de la pantalla, solo como jugador.
Cada vez que me venía el «mono» del rol y no tenía con quién jugar, me las ingeniaba para montar algo yo solo. Diseñaba prototipos de juegos para móvil u ordenador basados en reglas de rol, nada serio, solo por el placer de crear. Pero el boom definitivo llegó el año pasado.
En otro de mis intentos de jugar en solitario, descubrí el «Modo Trancos» de El Anillo Único. Para ser franco, vi el vídeo de La Mazmorra de Pacheco con Justo (de los mejores masters que he visto en youtube) jugando y ahí me vino la inspiración. Pensé: «Tengo que escribir lo que juego como si fuera un libro». Empecé a usar la IA para que me diera ese factor sorpresa, dejando que ella decidiera qué decían los personajes, pero la clave fue escribirlo todo.
Al principio empecé en un Word, redactando los diálogos como las típicas aventuras de ejemplo que vienen en los manuales. Pero pronto me pregunté: «¿Por qué en vez de un Word no hago una aplicación que haga todo esto más amigable?». Y, por resumir mucho esta parte, así fue como acabé creando una aplicación web para jugar al rol por foro.
Intenté dirigir un poco con jugadores reales en mi propia aplicación, pero al final me ha picado el gusanillo y me he lanzado a dirigir en mesa otra vez. Para este 2026 me he propuesto un reto: formar un grupo estable para jugar, al menos, una vez al mes (aunque voy a ver si «fuerzo la máquina» y conseguimos quedar algo más). De momento, ya somos tres valientes.
¿Y para qué este blog? Pues quiero que sea el diario de este viaje. Un espacio donde un novato os cuenta sus pifias, sus aciertos y todo lo que voy aprendiendo por el camino. No esperéis lecciones magistrales, pero sí mucha ilusión por este hobby que, después de tantos años de forma esporádica, por fin se ha convertido en mi pasión diaria.
Por cierto, si os pica la curiosidad, os dejo el listado de juegos en los que, al menos una vez, me he sentado a la mesa (ya sea como jugador o como Máster):
- MERP (El Señor de los Anillos): Donde todo empezó.
- Rolemaster: Sí, sobreviví a sus tablas.
- Dungeons & Dragons 3.5: Un clásico que no podía faltar.
- Pathfinder (1ª y 2ª Edición): Para cuando D&D se nos quedaba corto.
- Starfinder: Un poco de ciencia ficción para variar.
- Fate: Probando cosas más narrativas.
- La Llamada de Cthulhu (7ª Edición): Mi experiencia más «seria» hasta la fecha.
Aunque os confieso una cosa: tengo muchísimos más manuales en la estantería esperando su turno. Poco a poco, espero que este blog sea la excusa perfecta para sacarlos de ahí, ponerlos sobre la mesa y que empecemos a hablar de muchas más cosas.
¡Esto no ha hecho más que empezar! ¡Nos leemos por aquí y entre los posts de las partidas!
Kalaur.



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